martes, 30 de julio de 2013

EL CONOCIMIENTO PERIFÉRICO E INNOVACIÓN EN TRABAJOS EN GRUPO: DE IMPACTO

Aplica su empresa el conocimiento periférico


¡Tecnología! Bastante, sí. ¿Pero para qué sirve? ¿Se aplica bien? ¿Es una herramienta de innovación en su empresa? Lo cierto es que muchas compañías, de todos los tamaños y actividades, creen que tener el último invento implica mayor eficiencia, productividad y competitividad. Gran equivocación.
En muchas ocasiones no es necesaria tanta parafernalia. Basta aplicar el llamado conocimiento "periférico" -es decir, ideas procedentes de ámbitos aparentemente irrelevantes para una determinada tarea-. Esto puede influir en el surgimiento de innovaciones revolucionarias.
"La idea básica del conocimiento periférico es realmente impactante", dice Martine Haas, profesora de Gestión de Wharton. A fin de cuentas, ¿quién no conoce ejemplos de ideas que parecían que no tenían prácticamente relación alguna con un determinado problema, pero que acabaron produciendo un resultado inesperado?
Al tomar en cuenta el conocimiento periférico para la realización de tareas fundamentales, se sabe que los grupos de trabajo pueden recombinar las ideas de una manera nueva y práctica. El problema, sin embargo, dice Haas, es sobre todo de atención: ¿cómo lograr que los trabajadores dedicados a una tarea específica perciban -y usen- informaciones aparentemente irrelevantes?
Frente al problema, Haas y Wendy Ham, estudiante de doctorado de Wharton, buscaron definir las condiciones en las cuáles el conocimiento periférico puede tener como resultado grandes avances. Los resultados se presentaron en un nuevo trabajo titulado "Conocimiento periférico e innovación en trabajos en grupo: La importancia del conocimiento irrelevante".
"Estamos intentando entender qué tiene de especial el conocimiento que ignoramos al principio de una tarea y que, a veces, juzgamos como irrelevante", observa Haas. Ella admite que no es raro que los avances dependan de casos fortuitos -al juguetear con el cubo mágico, alguien puede tener la inspiración para un proyecto arquitectónico, por ejemplo-, pero eso no debe impedir la investigación del proceso de innovación. Al contrario, Haas se pregunta: "¿Podemos entender de forma más sistemática lo que aumenta las posibilidades de innovación, en vez de relegar el asunto a una cuestión de fe?"
La mayor parte de las empresas quiere más ideas de las que tiene, pero no sabe cómo introducir en su cultura la rutina de la innovación, señala el estudio según artículo publicado por Universia.
Tomando como base la teoría de la solución creativa de problemas, las autoras identifican dos maneras mediante las cuales el conocimiento periférico promueve el pensamiento revolucionario:
Trasplante de ideas y cambio de perspectiva. La primera de ellas, dicen las autoras, requiere "la transferencia directa de invenciones, tecnologías o prácticas de los ámbitos periféricos a los ámbitos centrales, con o sin alguna modificación".
El cambio de perspectiva ocurre "cuando el know-how o la experiencia en un ámbito periférico lleva a los miembros del grupo de trabajo a ver de forma diferente un problema en un ámbito central, revelando, entonces, nuevas soluciones". Como ejemplo, Haas y Ham señalan que, para comercializar vehículos eléctricos, el empresario israelí Shai Agassi tomó prestado el concepto de contrato de leasing de la industria de telefonía móvil.
"Agassi observó que sobrecargar de entrada al consumidor con gastos de batería es lo mismo que hacer que alguien que compra un carro tenga que pagar el equivalente a varios años de consumo de gasolina", dijeron las autoras. "Ese cambio de perspectiva, de la tecnología hacia la economía, replanteó de tal forma el problema en cuestión que surgió una solución totalmente nueva".

Stocks versus flujos. Pero tanto el trasplante de ideas como el cambio de perspectiva dependen de personas que presten atención a informaciones aparentemente irrelevantes. ¿En qué condiciones es posible que eso suceda?
Para entender cómo ocurre esto, las autoras hacen la distinción entre lo que llaman "stocks de conocimiento" y "flujos de conocimiento". Los primeros consisten en know-how y experiencia acumulados que los individuos llevan a la tarea que se va a ejecutar. Por ejemplo, un diseñador de videojuegos puede haber sido con anterioridad un instructor de esquí.
En ese caso, el conocimiento que él tiene de ese deporte en el contexto de la creación de videojuegos estaría dentro de la categoría de stock de conocimiento. Los flujos de conocimiento, por su parte, requieren el conocimiento con que se involucran activamente los individuos al realizar sus tareas, por ejemplo, haciendo investigaciones externas, trabajando para resolver un problema en un área no relacionada, conversando con conocidos de otros campos o leyendo un artículo sobre un tema aparentemente irrelevante para la tarea a realizar.
Según Haas y Ham, los flujos de conocimiento son más críticos para los avances. Debido a que las personas tienden al exceso de informaciones, al encontrarse con una tarea, ellas tienden a comportarse como "avaras cognitivas", confiando en atajos para determinar qué informaciones son útiles en aquel contexto. Por eso, los grupos de trabajo probablemente prestarán atención, sobre todo, a las informaciones que parecen relevantes para la tarea, es decir, al conocimiento que pertenece al ámbito "central".
¿Pero qué flujos de conocimiento permiten la entrada de información procedente de los ámbitos periféricos? ¿Y por qué? "Las informaciones disponibles en la memoria de corto plazo de la persona", es decir, los flujos de conocimiento, "son más accesibles en el plano cognitivo y, por lo tanto, reciben mayor atención que las informaciones almacenadas en la memoria de largo plazo", donde están los stocks de conocimiento.

miércoles, 24 de julio de 2013

LOS DIEZ AUTOS QUE TE LLEVARÁN AL ÉXITO EN LOS NEGOCIOS

Para lograr el éxito en los negocios hace falta mucho más que una buena idea o un buen capital. Incluso me atrevo a asegurar que el dinero y las ideas están en segundo plano y al final es mucho más importante que el emprendedor cuente con una serie de características personales especificas.
En este articulo quiero comentarles sobre una serie de habilidades, capacidades y características que son comunes en los empresarios exitosos.
Te invito a revisar estos 10 puntos y a que luego hagas un ejercicio de autoevaluación para identificar aquellas características que te hacen falta, de esta manera podrás trabajar en ellas y convertirte en un mejor empresario. No olvides dejar tus comentarios, opiniones y aportes sobre el tema.
  1. Autonomía: Los emprendedores son osados y determinados. Prefieren escuchar su corazón y seguir su intuición antes que vivir bajo los dogmas de la sociedad. Son dueños de si mismos y viven para cumplir sus objetivos. Toman decisiones por cuenta propia sin dejar que sean otros quienes les digan cuál camino deben tomar. Les entusiasma la idea de recorrer nuevos caminos en lugar de seguir los caminos que otros ya han recorrido.

  2. Autorregulación: Debemos ser personas capaces de regular nuestra propia conducta de manera efectiva. Un emprendedor sabe manejar su tiempo y se plantea metas para aprovecharlo al máximo. Cada vez que se propone algo, organiza su día a día para lograrlo.

  3. Autocontrol: El entorno empresarial requiere de personas con una gran inteligencia emocional; capaces de pensar con cabeza fría aunque la situación sea de pánico y descontrol. No se puede tener éxito en los negocios si nos desesperamos ante el primer reto o ante el primer obstáculo. Debemos tener una gran capacidad para controlar nuestras emociones, miedos y deseos al momento de tomar una decisión o de enfrentar hasta las situaciones más adversas.

  4. Autodisciplina: Los empresarios exitosos están dotados de una fuerza de voluntad sin comparación, gracias a ella son capaces de desarrollar hábitos, cambiar su conducta y hacer todo lo necesario para lograr sus objetivos. Saben que los grandes logros requieren de grandes esfuerzos, por esto despiertan cada día entusiasmados a trabajar en sus objetivos. Entrenan, perseveran y son incansables porque su fuerza no es física sino mental.

  5. Autoestima y Autorespeto: El amor por si mismo es uno de los más grandes valores de las personas exitosas. Si no te valoras y te quieres a ti mismo, nadie más lo hará. Siempre ten en mente que eres una persona valiosa y que mereces respeto, pero ese respeto comienza por ti mismo.

  6. Automotivación: Iniciar una empresa no es algo fácil, pero un emprendedor siempre encuentra sus propias razones y motivos para continuar con su proyecto aunque se le presenten obstáculos y aunque los demás le digan que abandone. Son entusiastas, visionarios y apasionados. Dentro de si mismos encuentran la inspiración y el impulso para luchar sin desfallecer. Te recomiendo leer las fuentes de motivación para emprender.

  7. Autoaprendizaje y Autoevaluación: La vida y el emprendimiento son caminos llenos de lecciones, y es aquí donde aprender por cuenta propia se convierte en una habilidad fundamental. Cada día y cada experiencia son oportunidades para aprender, mantén tu mente siempre abierta y ansiosa de conocimiento para que aproveches al máximo las lecciones de cada día. De vez en cuando evalúate a ti mismo e identifica aquellos aspectos en que debes mejorar. Pregúntate sobre qué necesitas aprender para lograr tus metas.

  8. Autorresponsabilidad: A un emprendedor no tienes que empujarlo a hacer las cosas, él sabe que tiene un compromiso consigo mismo y con sus objetivos. Asume el papel protagónico de su vida y es consciente de que su destino está en sus manos. No culpa a terceros ni a la mala suerte cuando se equivoca, sabe que él es responsable de lo que le sucede y si cometió un error debe asumirlo para aprender y mejorar.

  9. Autoconfianza: Confiar en nosotros mismos y en nuestras propias capacidades nos abre a un mundo de posibilidades y oportunidades para triunfar en la vida. No existe una sola persona que haya logrado el éxito sin tener la autoconfianza suficiente para aventurarse a perseguir sus sueños. Todos poseemos capacidades, conocimientos y talentos únicos, procura descubrir tu verdadero potencial y ten la confianza necesaria para perseguir tus objetivos.

  10. Autoconocimiento y Autosuperación: Un empresario exitoso se conoce a si mismo. Sabe cuáles son sus pasiones, sus ideales, sus temores, sus habilidades, sus capacidades, etc. Es poco conformista, siempre está planteándose retos más y más grandes. Cumplir un objetivo significa que está listo para cumplir otro mucho más grande. No vive comparándose con otros, prefiere superarse a si mismo. Sabe dónde está y para dónde va.
  11. Publicado por Javier Diaz el martes, 23 de julio de 2013 

jueves, 3 de febrero de 2011

¿Qué significa el talento en una organización?

Por Lic. Olga Edith López Abril
Es una afirmación ya reconocida en el ámbito de los negocios y las organizaciones, que el talento humano es fundamental en el desarrollo de una empresa. Y es que hoy, cuando se habla de la gestión del conocimiento, se reconoce que éste no es una implantación, no es una orden, no es una norma, es una construcción que se gesta en el trabajo grupal a partir de los aprendizajes, conocimientos, experiencias, habilidades y actitudes propias de cada individuo, de su socialización, adaptación a las necesidades y entorno propios de cada empresa, y al talento o aptitud con que cada individuo sepa desarrollar dicha construcción en pro de la organización. El conocimiento se construye y se gestiona a partir de individuos talentosos, con aptitudes que les permitan adaptarse al medio, ajustarlo, evolucionar; se requiere, pues, de seres talentosos dentro de las organizaciones del siglo XXI. Así, el talento es un elemento diferenciador, un valor agregado a la hora de proyectar y concretar planes de acción en busca del éxito organizacional.

El área de Recursos Humanos se ha centrado en identificar, captar, capacitar e impulsar el talento humano de las organizaciones. Ahora bien, vale la pena hacer un alto en el camino y preguntarnos qué se entiende por talento humano, cómo se viene gestionando y cómo debería gestionarse. Al respecto, y como primera medida, es necesario aclarar que en muchas empresas se tiende a limitar el talento humano al potencial intelectual que posee el individuo sobre un área de conocimiento específica y su habilidad para aplicar ese conocimiento en tareas puntuales, es decir, se limita el talento humano al saber y al saber hacer. Esto significa que se desintegra el conocimiento del individuo de su propio ser. Esa perspectiva es peligrosa, pues el ser humano no es sólo saber y hacer, es ante todo SER. ¿Dónde queda esta dimensión? No reconocer al ser íntegro y limitarlo a su saber y su hacer es el primer error de la gestión de talento.

El talento humano no se basa tan sólo en la cantidad de conocimientos que se tengan sobre un campo del saber determinado (o sobre muchos campos) y su aplicación práctica; el talento humano también se basa en otras competencias que incluyen otras perspectivas del ser, como sus gustos, intereses y proyecciones que pueden ajustarse o no a la propia organización. De esta forma, la gestión de talentos debe centrarse en tres puntos claves: identificar las pasiones, intereses, gustos y proyecciones del individuo, 2) darle espacio al individuo dentro de la organización para que desarrolle su potencial, brindándole las herramientas y capacitación necesarias y 3) darle el merecido reconocimiento (refuerzo positivo) y avance personal en la organización. Sólo de esta forma será posible retener el talento humano y dar continuidad a los procesos que promueven el desarrollo de la organización.

Ahora bien, como lo indican Ed Michaels, Helen Handfield y Jones Beth en su libro La guerra por el talento, contar con una mentalidad de talento tiene que ver con "la manera como lo concebimos, con una apasionada creencia en que para alcanzar las aspiraciones de la empresa uno tiene que contar con grandes talentos y que para atraer a los mejores es preciso que los líderes de la compañía se comprometan con esa meta". Así, las empresas deben trabajar desde un enfoque donde los talentos sean reconocidos como escasos y valiosos y donde estos talentos no sean recursos sustituibles. Lo anterior significa que, aunque todo ser humano es apto para desarrollar diferentes destrezas y habilidades, no todos tienen la actitud para hacerlo; en la actitud está el elemento diferenciador de los grandes talentos, esos que aportan en demasía a la empresa y que ésta no puede dejar perder.

Se requiere, pues, de una dinámica efectiva que haga posible identificar las capacidades, habilidades e intereses personales de los talentos y apoyarlos desde la organización. Se trata de motivar no sólo las destrezas laborales, sino de impulsar el talento íntegro del individuo y de abrirle un espacio de expansión personal.

Gestionar e impulsar el talento en la organización implica, en primera instancia, tener claridad acerca de cómo se define el término "talento". Pues bien, el DRAE define el talento, en cuanto a aptitud, como la capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación, y en tanto a inteligencia lo define como la capacidad de entendimiento. En el ámbito de las organizaciones no hay una definición universal de lo que es una persona sobresaliente, puesto que lo que se requiere varia en cierta medida de una empresa a otra; cada una tiene que concebir el perfil específico del talento que necesita. De esta forma, el talento es una capacidad integral gracias al cual la sumatoria de competencias y habilidades potenciadas desde el "ser" son aprovechadas para la innovación. El talento es, pues, la integración e interacción de las habilidades de una persona, sus características innatas, sus conocimientos, experiencias, experticia, inteligencia, actitud, carácter e iniciativa para aprender y desarrollarse en diferentes contextos. Tenerlo claro permite identificar de qué manera y en qué áreas cada ser es talentoso y, de esta forma, poder explotar dicho talento en beneficio propio, de la organización y de la sociedad.

Ahora bien, gestionar y motivar el talento supone influir en los procesos psicológicos tales como motivación, inteligencia, percepción, atención, emociones, lenguaje, entre otros, que interactúan con las variables contextuales y determinan la conducta organizacional. Según lo anterior, comprender el comportamiento psicosocial del ser humano también es clave a la hora de gestionar talento.

Desde la pedagogía y la psicología, varias teorías se han preocupado por indagar sobre el comportamiento psicosocial del hombre, entre ellas la teoría constructivista (de Piaget). De acuerdo con esta teoría, los seres humanos construimos nuestra realidad en la medida que interactuamos con otros, lo que implica una constante reconstrucción de lo que consideramos "nuestra realidad". Este proceso de reconstrucción supone la interpretación permanente de lo individual, grupal y social (creencias, valores, actitudes, modos de sentir, pensar y actuar ante la vida, afectividad, conexiones con otros, etc.).

La teoría constructivista hace posible desarrollo competitivo en cualquiera de los roles de cada ser humano con base en su perspectiva de vida, que bien puede pensarse como el conjunto de prioridades que se tienen respecto a distintos intereses, relaciones y personas. Así las cosas, el desempeño laboral de una persona se ve reflejado en la estrategia personal que tiene para su proyección laboral, lo que permite su desarrollo y autoconocimiento integral como ser humano. Saber lo que se es, lo que se quiere, lo que interesa, de lo que se es capaz, lo que se desea aprender y saber comunicarlo es fundamental para llegar al éxito. Las empresas requieren profesionales con un alto perfil de autoconocimiento y, a su vez, se hace necesario de parte de las empresas, contar con las estrategias pertinentes para indagar acerca de estos aspectos, saber identificarlos y ayudar en su realización y promoción.

Es importante tomar en consideración lo anterior, puesto que para potenciar el desempeño profesional de cualquier persona siempre se debe tener en cuenta su desarrollo estructural como individuo, base de su competencia profesional. En el desarrollo de los procesos organizacionales, el tener personal que no conozca acerca del comportamiento, tanto individual como social de las personas genera vacíos para su manejo, puesto que conlleva a la carencia de las competencias y actitudes necesarias que hagan posible enfrentarse a situaciones que se viven en las organizaciones y que aportan en la calidad de vida laboral y a la productividad empresarial.

De esta forma, la perspectiva psicosocial en las organizaciones se enfoca en la interacción social en el contexto donde éstas se producen y en el equipo de personas que interactúan en los diversos procesos, donde hay comportamientos tanto intrínsecos como extrínsecos de los individuos, que se ven desencadenados en las conductas organizacionales y que generan o buscan como objetivo el rendimiento competitivo en su trabajo.

Hablar de talento humano supone hablar de competencias, de creatividad, capacidades, innovación, astucia, adaptación, estrategias y habilidades de pensamiento para asumir retos, pero también supone autoconocimiento. Como se deduce de lo expuesto, las competencias son un conjunto de características propias de cada persona, lo cual define su forma de pensar y actuar, y que están relacionadas con un desempeño exitoso, incluyendo los motivos que cada uno tenga.

Como empleado, si se pretende alcanzar el éxito, es necesario autoconocerse a tal punto de identificar las propias aptitudes, de saber expresarlas y demostrarlas, y de saber dónde desarrollarlas, de manera que el talento se vea reconocido y redunde en el bienestar integral del individuo. A su vez, es necesario reconocer las fallas y carencias que se posean, determinar las aptitudes por mejorar, tener la actitud y disposición para cambiar y evolucionar, y para adaptarse al cambio.

Como empresa y gestores de talentos, es importante identificar los talentos de los empedados y la percepción que ellos tienen de su entorno laboral, pues esto facilita los niveles de identidad con la organización y su productividad. Asimismo, es importante motivar, promocionar y recompensar más allá del salario, de forma personal, el talento del individuo. Es importante, pues, tener una actitud positiva, asertiva y ética en la gestión empresarial, sin apartarse del contexto social en el que se labora y considerar al empleado no sólo cono el conjunto de saberes, o el saber-hacer, sino como el ser con un proyecto de vida que incluye a la organización y los intereses compartidos que se den entre ambos, sólo así será posible retener los talentos.

La autora es Lic. en Lenguas Modernas de la Universidad Pedagógica Nacional y cuenta con estudios de Maestría en Lingüística Española del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá, Colombia.